lunes, 4 de enero de 2010

Ideas y pensamientos en un viaje

¿Qué pasa aquí? Me preguntaba con miedo. El bus arrancaba con fuerza y se dirigía a su rumbo. Volví mi mirada y vi a mis dos amigos. ¿Qué nos pasaba? Pregunta tras pregunta pasaba por mi cabeza. Sentía la necesidad, pero no lo hacía. No solo ellos, a mí también me pasaba. Escuchaba los sonidos del bus, el jolgorio y las alegrías, los chismes y las conversaciones absurdas; las personas hablaban. Miré por la ventana, llovía fuertemente, pensaba que las gotas que golpeaban el vidrio me iban a hacer olvidar lo que sucedía a mí alrededor.

Ellos dos, en silencio permanecían. No se miraban, más bien evitaban hacerlo. Como una burbuja, los tres estábamos consumiéndonos en un silencio insoportable. ¿Qué había pasado? En la parada hablábamos sin parar, nos reíamos y bromeábamos sin cesar. Nos divertíamos con nuestra presencia. Con velocidad y rudamente el autobús se acercó y abrió sus puertas de golpe, subimos uno a uno. Vimos los tres el pasillo vacio, caminamos y escogimos el asiento donde pensábamos que el sentimiento de compañía iba a continuar; la melancolía se abrió paso y nos absorbió, eso debió haber pasado.

Eso no se sentía como vida. La vida la dejamos afuera, detrás de las barras. Cuando entramos solamente se nos olvido seguir viendo al otro como una fuerza que nos recordaba lo esencial, el apoyo, la presencia. Esa burbuja que nos separaba del ímpetu fluido que dominaba en el bus, ahora nos encerraba por separado. Cada uno de nosotros nos hundíamos cada vez más en nosotros mismos, éramos individuos, prontamente a ser desconocidos.

Busque en mi cabeza temas de conversación, algo que permitiera pagar el pasaje a nuestros espíritus. Mi mente solo me mostró temor y un destino terrible. No los conocía, no sabía quiénes eran estas personas que viajaban a mi lado. No hablaban, se nublaban frente a mi vista. Quería saber que pensaban, pero no se expresaban. Cada vez se veían más débiles, más sombríos. Yo no escapaba a tal imagen, volví mi mirada a la ventana y en el reflejo había un rostro que perdía la sensación de una caricia, de una sonrisa, de un cumplido y de un consejo. Ya no éramos.

El bus se detuvo bruscamente, me detuvo el tren del pensamiento. Vi a Joaquín levantarse con lentitud y pereza, no tenía ganas. Solo quería empotrarse en ese asiento y no seguir pensando, no seguir viendo lo que veía, solo un cuerpo. “Hasta luego” le dije con suavidad y disfrute la sensación de calor en su mano, vi una sonrisa en su cara. Él se reencontró con su vieja amiga al bajarse del autobús; su color y brillo volvió a su ser. Estaba contento, vi como se salvaba mi amigo de un viaje que nos estaba dejando vacios.

Fije mi mirada en Jade, ella no resistiría, estaba seguro. Su destino se mostraba con dolor por sus ojos que se secaban. No quería ver. Tenía miedo. Me refugie en ideas que me salvasen a mí. El egoísmo se mostraba como salida; yo me salvo. Problemas se muestran en el exterior y solamente nos quedamos callados. El dolor encogía a Jade, sabía que sufría. Pero solo dejé que el frío rodeara los tres asientos en que nos encontrábamos. Tocarla la mataría, eso pensaba. Cobarde fui en ese momento en que los dos necesitábamos al otro. Yo me cortaba las venas con mis filosos pensamientos; nadie había más que yo en ese asiento. Jade se encerraba en sí misma, ella se volvía en su propio agujero negro.

Vi que se acercaba mi parada. Jale el timbre y me levante. Jade se hizo a un lado. Solo le dije “adiós”. Ella se acercó para besarme la mejilla, yo solo seguí mi camino. Rechace, el contacto, la caricia, el espíritu que necesitaba ayuda. Ella solo bajó la cabeza y se volvió a sentar.

Choque de frente con la pasajera, volví, recordaba. Reconocí mi error. Lloré por ella, llore por Jade, llore por Joaquín. Me senté en la acera. Esa maldita caja metálica sin vida nos quitó con sus barras el residuo de nuestra fuerza, nos hizo olvidar. Lo esencial solo fue basura, para los tres que en ceniza se volvían.

Tomé mi celular. La voz de Jade me contestó.

-Hola- dije con dificultad –perdón por lo que hice en el bus. Fue imprudente. ¿Estás bien?-

-La verdad no- me dijo suavemente, su voz anunciaba llanto –gracias por llamar…-

Al colgar, un mensaje de Joaquín se anunciaba…

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